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Niños misioneros. Jornada de la Infancia Misonera

Carta Pastoral del Obispo. El pasado domingo día 22 se celebró en España la Jornada de Infancia Misionera. La preparación de esta jornada comenzó con el Adviento misionero y la presencia de los niños como sembradores de estrella antes de Navidad y se prolonga a lo largo del curso. Nació  esta institución Misionera en el año 1843 por iniciativa del obispo francés Forbin–Jason que invito a los niños de china. En España comenzó en 1852 de la mano de la reina Isabel. Su hija mayor la Infanta Isabel, fue la primera niña española en pertenecer a la infancia misionera.


Los primeros colaboradores de Infancia Misionera son los niños de los territorios de misión y los entregan generosamente sus donativos. A través de ellos lo hacen también sus padres y familiares sus educadores y tutores y quienes se sienten solidarios con los más pequeños. Este año se tiene en cuenta particularmente la situación de la infancia en América que es  desoladora. En América latina y el Caribe 40 millones de menores de 15 años sufren violencia, abusos y abandono en la familia, la escuela, la comunidad y las calles. También en los países desarrollados de aquel continente la situación de la infancia es preocupante. Por ejemplo, en Estados Unidos la tasa de pobreza infantil entre el año 2000 y el 2009 ha crecido un dieciocho por ciento situarse en los niveles de los años 90.

 

Es de agradecer ¡cómo, no! los numeroso proyectos que esta obra misional ha subvencionado en los cinco continentes. Ha estado muy cerca de los niños de Haití que ahora hace dos años sufrieron el terrible terremoto que asoló la isla. Los niños y adultos de Segovia presentaron su colaboración  generosa. La obra pontificia de la Infancia Misionera no es ajena a la situación en la que viven una gran parte de los niños de la India, simplemente por haber nacido “intocables” y estar destinados por eso mismo a ser la escoria de la sociedad. Es injusto e inhumano el despreciar a una persona por su pertenencia a una casta. Ni se desentiende, en África, de tantísimos casos de huérfanos consecuencia del sida o de la malaria. Los afectados por estas enfermedades son miles generando una gran orfandad que acaba incluso con toda una generación —son los abuelos quienes se hacen cargo de sus nietos, tras la muerte de sus padres—, analfabetismo y carencia total de educación básica. ¿Podemos nosotros, niños y mayores, ofrecer alguna ayuda?

 

Segovia tiene fama, y bien merecida, de ser un lugar  donde se comen manjares exquisitos y bebidas de solera; pero pensemos que en el Congo la carne es un bien de lujo al que los niños no tienen acceso. La alimentación se convierte en artículo de lujo y como dicen los misioneros, la mejor medicina es la comida pues la calidad de vida mejora muchísimo con una buena alimentación.

 

Los misioneros rezan, aman y entregan su vida fruto de ese profundo amor a Dios y al prójimo que albergan en su interior. Lo importante no es la cantidad sino el amor que acompaña esa donación y entrega. Así se pone de manifiesto que la salvación del mundo no vendrá de la cantidad de dinero de las ofrendas, sino del amor con que éstas se hace. Los niños también pueden ser misioneros y colaboradores para anunciar el evangelio y convertirse en apóstoles de solidaridad cristiana con los más necesitados sean niños o adultos.


Este esfuerzo quedaría baldío si los adultos no se involucran y hacen el mismo recorrido de los niños. Los padres, catequistas, sacerdotes, consagrados, profesora de religión y fieles cristianos apostólicos, todos debemos tomar parte en esta acción misionera y caritativa. En la parroquia el espíritu misionero debe llegar a ser fenómeno comunitario. El niño ha de ir descubriendo poco a poco que Dios tiene necesidad de que los hombres le ayuden a salvar a los hombres que tienen necesidad de Dios. Este es el espíritu misionero.
 
                                         +Ángel Rubio Castro
                                          Obispo de Segovia