marta

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Viernes, 05 Octubre 2018 09:36

Hacer Visible a Cristo

Hacer visible a Cristo

(Plan diocesano de pastoral 2018-20121)

 

Coincidiendo con la fiesta de la Virgen de la Fuencisla, se ha presentado a los sacerdotes el Plan diocesano de Pastoral para el próximo trienio, que pronto se hará público. El objetivo fundamental para estos tres años puede resumirse en hacer visible a Cristo mediante el encuentro personal y comunitario con él. Nada nuevo, pero siempre nuevo, porque la identidad cristiana y eclesial se reducen a esto: vivir con alegría el encuentro con Cristo para compartir con los demás el regalo que hemos recibido al ser cristianos. La Iglesia sólo vive para esto. Desde su llegada a la sede de Pedro, el Papa Francisco nos ha prevenido contra el peligro de que la Iglesia se refiera a sí misma, y no a Cristo. Por eso, la llamada a la misión es consecuencia de vivir referidos siempre a Cristo hasta convertirnos en signos elocuentes de su presencia en el mundo.

            Este ambicioso proyecto no se logrará por supuesto en tres años. Desde sus orígenes, la Iglesia intenta hacerlo realidad. Nosotros somos sólo un eslabón de la cadena que continuará hasta el fin de la historia. Pero conviene tener las ideas claras para saber cuál es la misión del cristiano en el mundo. Decía san Juan Crisóstomo que si los cristianos viviéramos el evangelio de verdad, no se necesitaría la predicación. Bastaría la vida de los cristianos para hacer creíble la vigencia de Cristo en cada época.

            Este objetivo general se desgrana en seis objetivos específicos que nos ayudarán a no quedarnos en principios teológicos que parecen abstractos.  De la mano de la exhortación apostólica del Papa Francisco, «Alegraos y Regocijaos», invitamos a todos los cristianos a avanzar en el deseo de ser santos estudiando la exhortación y favoreciendo la formación bíblica y el acompañamiento de comunidades cristianas y cofradías especialmente en las Cuaresma. Sería el primer objetivo.

            Un segundo objetivo busca potenciar aún más la corresponsabilidad en las comunidades cristianas renovando estructuras y potenciando el trabajo en los arciprestazgos y el fomento del asociacionismo seglar. El tercero pretende revitalizar la familia como iglesia doméstica, formando grupos de familias, visitándolas en sus casas y ayudándolas a iniciar en la vida cristiana a sus hijos.

            Dada la importancia de los medios de comunicación y difusión, y el uso que hacemos de ellos en la vida ordinaria y parroquial (redes sociales, hojas parroquiales, etc.), se pretende, en el cuarto objetivo, elaborar un plan de comunicación diocesano y difundir la actividad de las comunidades cristianas y de la diócesis para que llegue a más destinatarios.

            El quinto objetivo se refiere a la dimensión social de la evangelización y la opción por los pobres, detectando las situaciones de vulnerabilidad y elaborando un plan de acogida e integración de los emigrantes en nuestros proyectos pastorales. Finalmente, queremos, en el sexto objetivo, cuidar y fomentar el discernimiento vocacional acompañando a las nuevas generaciones en la difícil pero necesaria tarea de descubrir cuál es el plan de Dios sobre cada uno: matrimonio, vida consagrada, sacerdocio, vocación misionera. El pasado día 3 de Octubre comenzaba el sínodo de Obispos en Roma dedicado al tema de la fe de los jóvenes y el discernimiento vocacional. Esperamos que nos ilumine en esta acción prioritaria de la Iglesia.

            Al despedir a la Virgen de la Fuencisla, como Obispo de Segovia, ponía este plan en sus manos de madre. Estoy seguro que su ayuda no nos faltará. Espero que las comunidades cristianas y cada cristiano lo acoja con ilusión y todos arrimemos el hombro. De ello depende, en gran medida, que Cristo resplandezca en el rostro y la vida de cada bautizado.

+ César Franco

Obispo de Segovia

Miércoles, 26 Septiembre 2018 06:45

Encuentro de familias. Navares de las Cuevas.

El próximo domingo día 7, la diócesis de Segovia organiza un encuentro de Familias, en la localidad segoviana de Navares de las Cuevas.
Bajo el Lema “El camino de la Alegría” se desarrollará una jornada festiva con diferentes actividades para niños, adolescentes y donde también la presencia y participación de los padres cobrará especial significado.
Dará comienzo con un acto de acogida a las 11 de la mañana, para pasar a realizar diferentes talleres, encaminados a profundizar en nuestra Fe.
La Eucaristía será celebrada a las 5 de la tarde en la ermita Virgen del Barrio.

Jueves, 20 Septiembre 2018 06:48

PROCESO DE ACTUACIÓN EN LA CURIA DIOCESANA.

Miércoles, 08 Agosto 2018 10:21

Revista Diocesana. Julio-agosto 2018

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Miércoles, 08 Agosto 2018 08:23

Revista Diocesana. Junio 2018

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Martes, 07 Agosto 2018 10:39

Iglesia en Segovia. Mayo 2018

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Miércoles, 01 Agosto 2018 06:32

TASAS Y ARANCELES PARROQUIALES

Viernes, 20 Julio 2018 07:58

La compasión del pastor. D.T.O.XVI

Cuando se habla de la compasión de Cristo, se tiende espontáneamente a considerarla como la actitud que le acerca a los enfermos, pobres o necesitados  desde el punto de vista material. Jesús se compadecía ciertamente de los ciegos, sordos, leprosos y paralíticos. Y atendía también las necesidades de los pobres pues había instituido entre los apóstoles una bolsa común para hacer limosnas. Sabemos que Judas, el que lo entregó, se encargaba de este menester. Quien acudía a Cristo sabía que nunca volvería de vacío.

El evangelio de este domingo nos habla de un aspecto de la compasión de Cristo que merece mucha más atención de la que a menudo se le presta. Cuando los apóstoles regresan de la misión a la que Jesús les ha enviado, éste debió observar que regresaban fatigados y les invitó a retirarse a un sitio tranquilo para descansar, pues eran tantos los que les buscaban que no tenían tiempo ni para comer. El descanso debió durar muy poco, pues, cuando la gente descubrió a dónde se dirigían, fueron corriendo por tierra y llegaron antes que Jesús y los apóstoles alcanzaran por barca la otra orilla. Dice el evangelista que, al desembarcar, «Jesús vio una multitud y se compadeció de ella, porque andaban como ovejas que no tienen pastor; y se puso a enseñarles muchas cosas» (Mc 6,34).

La compasión de Jesús se dirige, según este pasaje, al hecho de no tener pastor que les acompañe y enseñe «muchas cosas». Evoca esta escena los textos del Antiguo Testamento en los que Dios, contemplando la ausencia de pastores que guíen a su pueblo, determina convertirse él mismo en su pastor. A Jesús se le conmueven las entrañas ante la necesidad espiritual del pueblo y comenzó a enseñarles muchas cosas. Antes de darles el pan físico, que multiplicará para saciar su hambre, les ofrece el pan de la enseñanza, que necesitan para vivir como discípulos suyos. Por eso le buscan, como buscaba Israel la sabiduría, sin la cual serían presa de la ignorancia.

El evangelista no precisa en qué consistió la enseñanza de Cristo. Se contenta con decir «muchas cosas». Sabemos que la enseñanza de Jesús estaba centrada en el Reino de Dios. Las «cosas» de Jesús son las cosas de su Padre, lo que ha visto y oído de él. Quien lea detenidamente el conocido como «sermón del monte» de Mateo, se dará cuenta de la variedad de enseñanzas que Cristo ofrece a los suyos, como los profetas habían hecho con Israel. Jesús aparece, pues, como el Mesías que enseña la sabiduría y alimenta a su rebaño como buen pastor. El deseo de quienes buscan a Jesús y van tras él corriendo hasta hallarle es correspondido con su disposición a enseñar.

También hoy, mirada la gente con compasión, descubrimos que tiene necesidad de pastores que dediquen tiempo a enseñar las cosas de Dios. La ignorancia religiosa es una forma de pobreza que no puede dejar indiferentes a quienes somos pastores del pueblo de Dios. Entre las obras de misericordia espirituales figura la de enseñar al que no sabe, corregir al que se equivoca, dar buen consejo al que lo necesita. Todo esto pertenece al ministerio de la palabra, que constituye el primer oficio del pastor: anunciar el evangelio a todas las gentes. La Iglesia entera debe aprender de Cristo su compasión y participar de su actitud «pastoral» cada vez que descubre la necesidad que el hombre tiene de conocer los misterios del Reino. El mandato de Cristo, antes de subir a los cielos fue precisamente éste: «Id y haced discípulos a todos los pueblos bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado». Nada de esto podremos hacer sin poseer la compasión de Cristo.

+ César Franco

Obispo de Segovia.

Viernes, 20 Julio 2018 07:41

Un bastón para el camino. D.T.O.XV

 

Apóstol significa enviado. Jesús envía a los Doce con autoridad sobre los espíritus inmundos. Los envía de dos en dos. Y les encarga que lleven un bastón, y nada más. Ni pan, ni alforja, ni dinero suelto en la faja. Que lleven sandalias pero no única túnica de repuesto. ¿A qué tanta pobreza y escasez de medios? Para que brille la fuerza del Evangelio de la que son investidos y el poder que han recibido directamente de Cristo para proclamar el Reino de Dios. Así no se confundirán los dones de Cristo con los medios humanos. En realidad, esta pobreza es sobreabundancia de dones.
Jesús no promete el éxito de la misión, aunque dice el Evangelio que echaban muchos demonios y curaban enfermos al ungirles con aceite. Cristo no asegura el éxito a los Doce ni a los que envía. Les asegura más bien persecuciones, luchas y rechazos. Sin embargo, desde el inicio a nuestros días, el Evangelio ha arraigado en los pueblos y culturas que se han abierto a la predicación de los enviados por Cristo.
Esta primera misión de los apóstoles es presentada por Marcos como el paradigma de toda misión. Nos equivocamos, por tanto, cuando cambiamos el método de Cristo y ponemos el acento en los medios y el interés en el éxito. Es la trampa del apóstol: pensar que la fuerza de su misión reside en sí mismo y en los medios que posee. Nunca como hoy, la Iglesia ha poseído tantos medios para evangelizar, es cierto. Pero podemos preguntarnos si el éxito pastoral es proporcional a los medios que posee. ¿Son más vivas nuestras comunidades? ¿Abundan las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada? ¿Son más misioneras las familias cristianas, más fecundas? ¿La predicación, la catequesis, la enseñanza religiosa se dirigen al centro del Evangelio? ¿Es Cristo y su salvación el núcleo de la predicación? El Papa Francisco nos repite incansablemente que todo lo debemos centrar en el anuncio del Evangelio, en el kerigma. «Conviene —dice—ser realistas y no dar por supuesto que nuestros interlocutores conocen el trasfondo completo de lo que decimos o que pueden conectar nuestro discurso con el núcleo esencial del Evangelio que le otorga sentido, hermosura y atractivo» (EG 34).
Cuando san Pablo reflexione sobre su ministerio dirá que cuando es débil entonces la fuerza de Dios se manifiesta en él. Se refiere naturalmente a las debilidades que rodean la predicación del evangelio. Podemos decir que Cristo ha querido enviarnos a exponer nuestra debilidad para que resalte más la fuerza del Evangelio. Aunque el apóstol aparece como un ser débil, en realidad está fortalecido por la autoridad Cristo y los dones que recibimos de él. ¿Hay algo más fuerte que la victoria sobre el mal? ¿Hay alguna institución o empresa en el mundo que tenga asegurado el triunfo sobre el pecado? Los grandes técnicos del marketing y del éxito comercial ¿pueden compararse a los humildes enviados de Cristo capacitados por él para derrotar el poder del Maligno?
Todo es cuestión de confianza en Cristo y en su Evangelio. El bastón que llevamos en la mano puede compararse al que llevaba Moisés cuando se enfrentaba con el faraón de Egipto. En él residía la fuerza de la palabra de Dios, que hacía lo que decía. Es verdad que, como afirma un filósofo, «Dios no tiene el nombre de éxito», pero esto no significa que su obra fracase, como no fracasó Cristo en la cruz, a pesar de sus apariencias. El apóstol sabe que si en una casa no le reciben, lo recibirán en otra; que la semilla del Evangelio puede caer entre piedras, zarzas y terreno estéril, pero allí donde sea acogida con fe, el fruto está asegurado, porque en la cruz de Cristo, a pesar de su aparente fracaso, el mal ha sido vencido.

 

+ César Franco
Obispo de Segovia.

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