Un célebre modernista francés afirmó que «Jesús anunciaba el Reino y vino la Iglesia». Quienes utilizan esta frase, con mayor o menor acierto, participan de un prejuicio común entre los intérpretes racionalistas de los evangelios, según el cual Jesús no quiso fundar nada sino predicar simplemente, como afirma el evangelio de este domingo, que el Reino de los cielos estaba cerca. Por ello, predicaba la conversión a quienes deseaban entrar en ese Reino. Esta forma de pensar pretende contraponer el Reino predicado por Jesús y la Iglesia fundada

Para una mentalidad moderna, alejada del culto sacrificial que impregnaba la vida del pueblo judío en tiempo de Jesús, la imagen de éste como «cordero que quita el pecado del mundo», resulta incomprensible y anacrónica. Es, sin embargo, la definición que Juan Bautista da a Jesús cuando indica a sus discípulos que deben seguirle. Para los judíos, el cordero no sólo evocaba su vida de nómadas por el desierto, sino que era un símbolo del perdón de Dios. Cada día, mañana y tarde, en el altar de los holocaustos del templo de Jerusalén, se celebraba el llamado sacrificio perpetuo de un cordero de un año como signo de comunión con Dios y petición de perdón. En la fiesta más importante, la Pascua, los judíos sacrificaban un

Sábado, 07 Enero 2017 20:37

Bautismo del Señor

           El bautismo de Jesús en el Jordán ha sido representado en el Oriente cristiano con iconos bellísimos que sorprenden por su densidad teológica llena de simbolismos. Jesús aparece con el agua del río que le llega hasta la cintura, o hasta los hombros. Pero en el icono más divulgado las aguas aparecen incluso por encima de su cabeza. Esta representación del bautismo se denomina «sarcófago acuoso» porque Cristo, con su cuerpo rígido como un cadáver, parece que está colocado en un sepulcro lleno de agua. Esto tiene relación con el rito bautismal de la primitiva Iglesia que se realizaba sumergiendo tres veces al neófito en el baptisterio hasta cubrirle la cabeza con agua, indicando que se

 

            Desde 1968, por voluntad del beato Pablo VI, el primer día del año se celebra la Jornada de la Paz. La reforma litúrgica del Concilio Vaticano II trasladó al 1 de Enero la fiesta de Santa María Madre de Dios con la máxima categoría de solemnidad. La paz aparece así vinculada a María, que nos trajo al Príncipe de la paz, Jesucristo. La Iglesia no habla de una paz cualquiera, ni del fruto del ejercicio diplomático de los estados que luchan por instaurarla en todos los países. La paz que propone la Iglesia, y por la que ora, es aquella que los ángeles cantaron junto a la gloria de Dios en las alturas el día del nacimiento de Jesús. Nace en el cielo y llega a la tierra

Sábado, 24 Diciembre 2016 08:23

Día de Navidad 2016: Se llama Jesucristo

 

            El evangelio de san Juan comienza con un solemne prólogo que se lee el día de Navidad y durante los días siguientes. Es un himno de enorme belleza y densidad que nos remonta a la eternidad de Dios, al principio sin principio, antes de que se existiera nada, para decirnos que el Verbo existía junto a Dios y era Dios. Quien lea por primera vez este prólogo no sabe de quién habla el evangelista, ignora quién es el misterioso ser del que se dicen verdades sorprendentes: por su medio se ha hecho todo; en él está la Vida; es la Luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo; ha sido rechazado

Sábado, 17 Diciembre 2016 19:57

Cuarto de Adviento: La señal de Dios

La señal de Dios

  

A las puertas de Navidad, leemos en el cuarto domingo de Adviento la revelación a José del misterio que sucede en María: el hijo que lleva en sus entrañas «viene del Espíritu Santo». Muchos cristianos tienen la idea de que José sospechó de la integridad de su prometida y pensó repudiarla. Pero san Mateo, que narra las dudas de José, no da pie para esto. Presenta a José como varón justo, que, al conocer el estado de María, probablemente porque - como piensa K. Rahner - ella misma se lo ha dado a conocer, comprende que «Dios

¿Debemos esperar a otro?

  

En la espera de la Navidad, la embajada que envía el Bautista desde la cárcel para preguntar a Jesús si es él el Mesías o deben esperar a otro, cobra un sentido que supera el tiempo de Jesús. Es una pregunta que atraviesa la historia, pero que se ha hecho especialmente insistente desde la Ilustración. Cristo ha decepcionado a muchos en todos los tiempos. Ha decepcionado a quienes esperaban que él cambiara el mundo. ¿No vino a eso? ¿No dice san Pablo que vino a hacer todo nuevo? Y, si afinamos la mirada, ¿no sigue todo igual?

Sábado, 03 Diciembre 2016 16:24

Segundo de Adviento: Dos bautismos distintos.

 

Cuando Juan Bautista aparece como Precursor de Cristo, ofrece un bautismo en el Jordán invitando a la conversión del corazón. Su predicación es dura, exigente, en línea con los antiguos profetas que exhortaban un cambio radical de vida para huir de la ira inminente de Dios. Las imágenes que utiliza Juan son muy expresivas: el hacha está puesta en la raíz del árbol, el que no dé fruto será talado y echado al fuego. También se sirve de la imagen del bieldo que separa la paja del trigo, para echar la paja al fuego y llevar el trigo al granero. Son imágenes propias de las amenazas proféticas que buscan llevar al hombre a la verdadera conversión.

Sábado, 26 Noviembre 2016 17:00

Primero de Adviento: Adviento

La Iglesia comienza el año litúrgico con una significativa palabra: Adviento. Quiere decir llegada, venida. Es el anuncio de una presencia que afecta decisivamente a la vida del hombre: la presencia del Señor que viene. El tiempo de Adviento dura sólo cuatro semanas. Debería durar más, porque cuanto más se espera más se ama, y más se alegra el corazón con la llegada del Amado. ¡Ven, Señor Jesús, decimos todos los días en la eucaristía cuando el sacerdote acaba de consagrar el pan y el vino! Ven, no tardes más. Todo hombre vive de esta espera.

El cardenal

Sábado, 19 Noviembre 2016 15:10

Domingo Cristo Rey: Sálvate a ti mismo

La máxima tentación sufrida por Cristo tuvo lugar en el Calvario, durante la terrible agonía de la crucifixión. Jesús recitó las estremecedoras palabras del salmo 22, que dice: «Dios mío, dios mío, ¿por qué me has abandonado?». Al hacerlas suyas, Jesús expresaba la soledad con que se enfrentaba a la muerte. Sobre estas misteriosas palabras comenta Ortega y Gasset: «Es la expresión que más profundamente declara la voluntad de Dios de hacerse hombre, de aceptar lo más radicalmente humano que es su radical soledad. Al lado de esto la lanzada del centurión Longinos no tiene tanta significación». Desde el comienzo de la pasión, en Getsemaní,

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