Hay enseñanzas de Jesús que parten de sus observaciones sobre la conducta de la gente. Por los Evangelios sabemos que Jesús era un observador atento a cuanto sucedía a su alrededor, bien en la calle con la gente, bien en los actos de sociedad, como un banquete, o bien mirando a la muchedumbre de los peregrinos cuando subían al templo. En el Evangelio de hoy, el evangelista dice que «estando Jesús sentado enfrente del tesoro del templo, observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban mucho; se acercó una viuda pobre y echó dos monedillas, es decir, un cuadrante. Llamando a sus discípulos, les dijo: En verdad os digo que esta viuda pobre ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero esta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir» (Mc 12,41-44).

La solemnidad de Todos los Santos apunta al origen y meta del cristiano y le advierte de que la vida es peregrinación. La santidad de Dios está en el origen de todo. Dios es santo. Así se reveló al pueblo de Israel. De esta verdad se deriva que el hombre, creado a su imagen, está llamado a la santidad. «Sed santos porque yo soy santo» (Lv 11,45). Jesús toma esta «ley de santidad» del pueblo judío y la reformula de esta manera: «Sed perfectos porque vuestro Padre celestial es perfecto» (Mt 5,48). Es un cambio ligero pero significativo: nos acerca, en primer lugar, la imagen de Dios, llamándolo Padre, e interpreta la santidad en clave de perfección para hacernos entender que podemos llegar a alcanzarla, porque todo en el hombre tiende a la perfección de su ser, a la plenitud de sus capacidades si orienta bien su libertad.

Desde esta


En el Mensaje del Papa Francisco para el DOMUND de este año, que celebraremos el domingo 24 de Octubre, exhorta a todos los cristianos a vivir la misma compasión de Cristo con la necesidad que el mundo tiene de redención. Recordando la experiencia de los apóstoles que, según dice el libro de los Hechos de los Apóstoles (4,20), no podían dejar de hablar de lo que habían visto y oído, nos invita a poner el amor en movimiento y comunicar a los demás la alegría de la salvación y los dones que nos ha traído Jesucristo.

Si la experiencia cristiana es auténtica, nos lleva a la misión. Es la forma de agradecer lo que gratuitamente hemos recibido de Dios. «Ponerse en estado de misión, dice el Papa, es un efecto del agradecimiento». Los dones de Dios nunca quedan reducidos al ámbito de quien los recibe, sino que se expanden por la fuerza misma que llevan en sí mismo. Esta expansión y comunicación de la gracia recibida es lo que llamamos


 Hay dos escenas evangélicas que pueden ayudarnos a comprender el sínodo que el Papa Francisco ha convocado para 2023, cuya etapa diocesana empieza este domingo. Una es la de los discípulos de Emaús, narrada por Lucas. Dice el relato que, mientras conversaban por el camino, «Jesús en persona se puso a caminar con ellos» (Lc 24,15). No es preciso recordar el argumento de la escena, de sobra conocido. Me interesa subrayar que Jesús acoge las preocupaciones de los discípulos desalentados por el aparente fracaso del Maestro, las ilumina desde la Palabra de Dios y comparte con ellos la cena que se convierte en una renovada «fracción del pan». Los discípulos recuperan la fe y retornan a la Iglesia madre de Jerusalén a compartir con otros la experiencia del Resucitado. Aquí tenemos una parábola del sínodo. Se trata de escuchar al pueblo de Dios —también a los que han perdido la fe o se sienten defraudados—, iluminar la vida con la Palabra de Dios y celebrar


Solo quien tiene clara la meta acertará al escoger el camino. Así podríamos sintetizar el mensaje del evangelio de este domingo. San Marcos presenta a Jesús «cuando salía al camino». El camino es un símbolo de la vida de Jesús y de la vida de los hombres. Ponerse en camino es la actitud sapiencial de quien busca la felicidad de una vida plenamente realizada. Recuérdense los versos que inician la Divina Comedia de Dante: «A mitad del camino de nuestra vida…». Jesús camina hacia Jerusalén donde cumplirá la plenitud de su existencia muriendo y resucitando por los hombres. Un hombre le sale al camino y le plantea la pregunta más trascendental de la vida: «Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?». Todos conocemos la historia. Jesús le plantea el camino moral de los mandatos de Dios. El hombre confiesa haberlos cumplido desde su juventud. El Maestro da un paso más y le invita a vender sus bienes, darlo todo a los pobres y seguirle a él.

Una de las actitudes de Jesús que le enfrentaron con los fariseos fue su relación con la ley mosaica. Para los judíos, Moisés era el supremo legislador porque había recibido directamente de Dios los preceptos de la ley. Con el tiempo, dichos preceptos habían dado lugar a diferentes interpretaciones y adaptaciones de manera que los fariseos discutían por llegar a su recta comprensión. Jesús, tenido por maestro, entraba en estas discusiones y los fariseos buscaban ocasión para sorprenderle y poder acusarle de detractor de la ley mosaica. Una de esas ocasiones es la que presenta el evangelio de hoy sobre el matrimonio. Los fariseos, con ánimo de tenderle una trampa, le preguntan si es lícito el divorcio. Y Jesús les replica con otra pregunta: ¿Qué ha mandado Moisés? Los fariseos le responden que Moisés permitió el divorcio dando a la mujer un acta de repudio. La trampa estaba tendida. Jesús no podía desautorizar a Moisés, aunque tampoco quería perder la ocasión

Una de las actitudes de Jesús que le enfrentaron con los fariseos fue su relación con la ley mosaica. Para los judíos, Moisés era el supremo legislador porque había recibido directamente de Dios los preceptos de la ley. Con el tiempo, dichos preceptos habían dado lugar a diferentes interpretaciones y adaptaciones de manera que los fariseos discutían por llegar a su recta comprensión. Jesús, tenido por maestro, entraba en estas discusiones y los fariseos buscaban ocasión para sorprenderle y poder acusarle de detractor de la ley mosaica. Una de esas ocasiones es la que presenta el evangelio de hoy sobre el matrimonio. Los fariseos, con ánimo de tenderle una trampa, le preguntan si es lícito el divorcio. Y Jesús les replica con otra pregunta: ¿Qué ha mandado Moisés? Los fariseos le responden que Moisés permitió el divorcio dando a la mujer un acta de repudio. La trampa estaba tendida. Jesús no podía desautorizar a Moisés, aunque tampoco quería perder la ocasión

(Domingo en el que se celebra la Jornada mundial del migrante y refugiado)

Un año más la iglesia y ciudad de Segovia celebra la fiesta de su patrona, la Virgen de la Fuencisla, después de una novena concurrida en la santa iglesia catedral. Los segovianos se han postrado con fe y devoción ante la «fuente que mana vida y dulzura». Han podido beber del manantial de sus virtudes desgranadas en la predicación del P. Salvador Ros, prior carmelita descalzo del convento de san Juan de la Cruz. Este domingo celebramos su fiesta con la alegría de hijos que siempre necesitan el amparo de la madre.

            En el himno de la Virgen, decimos que es manantial de «de vida y dulzura». Dos realidades que el hombre necesita experimentar cada día, pues la vida se torna con frecuencia en una dura prueba, que nos convierte en huérfanos y desamparados. De esto saben mucho los emigrantes y refugiados, muchos de ellos niños, jóvenes y ancianos, que esperan

Jueves, 16 Septiembre 2021 10:36

Ser importante. Domingo XXV del T.O.

En su encíclica social Sollicitudo rei socialis, san Juan Pablo II, tratando de los problemas modernos, quiso iluminarlos aludiendo a las «estructuras de pecado», entre las que señala «la sed de poder». En el análisis teológico de tales estructuras, afirma que «se fundan en el pecado personal y, por consiguiente, están unidas siempre a actos concretos de las personas, que las introducen, y hacen difícil su eliminación. Y así estas mismas estructuras se refuerzan, se difunden y son fuentes de otros pecados, condicionando la conducta de los hombres» (SRS 36).

            Que el pecado personal puede constituirse en origen de «estructura de pecado» es tan obvio que basta echar una mirada a los graves problemas de la humanidad, difíciles de resolver porque se han llegado a convertir es sólidas estructuras que se sostienen directa o indirectamente en los propios pecados personales de quienes las crean y fomentan. Las estructuras no

Jueves, 16 Septiembre 2021 10:36

Ser importante. Domingo XXV del T.O.

En su encíclica social Sollicitudo rei socialis, san Juan Pablo II, tratando de los problemas modernos, quiso iluminarlos aludiendo a las «estructuras de pecado», entre las que señala «la sed de poder». En el análisis teológico de tales estructuras, afirma que «se fundan en el pecado personal y, por consiguiente, están unidas siempre a actos concretos de las personas, que las introducen, y hacen difícil su eliminación. Y así estas mismas estructuras se refuerzan, se difunden y son fuentes de otros pecados, condicionando la conducta de los hombres» (SRS 36).

            Que el pecado personal puede constituirse en origen de «estructura de pecado» es tan obvio que basta echar una mirada a los graves problemas de la humanidad, difíciles de resolver porque se han llegado a convertir es sólidas estructuras que se sostienen directa o indirectamente en los propios pecados personales de quienes las crean y fomentan. Las estructuras no