Jueves, 16 Agosto 2018 00:00

Vivir para siempre D. XX T.O.

Vivir para siempre es el deseo irreprimible del ser humano. Ese deseo confirma la tesis de que Dios ha creado el hombre para la vida imperecedera. ¿De dónde vendría tal deseo si no? ¿Por qué habría de aspirar a la inmortalidad si fuese mortal por naturaleza como los otros seres? Nuestra rebeldía ante la muerte arranca de esta necesidad esencial que el hombre tiene de vivir. La muerte es pues, antinatural, no corresponde a la naturaleza del hombre. Entonces, ¿de dónde viene la muerte? ¿Por qué morimos?

            La respuesta a estas preguntas en la revelación cristiana sólo se acoge desde la fe. Dios no ha creado la muerte, dice la Escritura. Es el fruto y precio del pecado del hombre, engañado por el diablo, padre de la mentira. Dios es Dios de vivos y no de muertos, para él todos están vivos. De ahí que la muerte física no sea el problema más grave de la existencia humana; el más grave es morir

Jueves, 09 Agosto 2018 00:00

El Dios revelado, D. XIX T.O.

La idea que el hombre se hace de Dios es, en general, la de un ser inaccesible, apartado de los hombres. Y cuando lo imagina viniendo a este mundo desde su altura —por ejemplo, el monte Olimpo— pierde su carácter inefable, enredado en las mismas pasiones del común de los mortales. ¿Quién cree en las mitologías greco-romanas? Resultan grotescas e inaceptables para la razón. El hecho mismo de la multiplicidad de divinidades no cuadra con el presupuesto razonable de que sólo puede haber un único Dios más allá del cual nada puede pensarse, como decía san Anselmo en su argumento ontológico.

            La revelación bíblica se caracteriza porque el Dios trascendente, cuyo nombre es innombrable, y cuyo rostro nadie puede ver y seguir con vida, ha entrado también en la historia. Los estudiosos de la Biblia reconocen que la idea del Dios creador es posterior a la del Dios de la historia. Israel ha tomado

Jueves, 02 Agosto 2018 19:39

Lo transitorio y lo perenne, D.XVIII T.O.

La multiplicación de los panes y los peces despertó en los seguidores de Jesús la pregunta sobre si él sería el rey esperado. Su capacidad de alimentar a multitudes con solo cinco panes y dos peces suscitaba credibilidad. Asegurar el pan de cada día no es cosa baladí. Pero Jesús no es amigo de confusiones y, cuando comprende que quieren hacerle rey, huye a la soledad de la montaña para orar. Al regresar, establece un diálogo con la gente sobre los motivos por los que le busca. Les echa en cara que no le buscan por haber comprendido su autoridad moral y su enseñanza, sino porque han comido hasta saciarse, olvidando que hay un alimento que perece y otro que perdura para la vida eterna.

            Nos encontramos con el eterno problema del hombre: quedarse en lo transitorio o aspirar a lo eterno. Vivir en clave de temporalidad o trascender el tiempo con la eternidad. En la época de Jesús, esta dialéctica

Domingo, 29 Julio 2018 08:34

Un Dios derrochador. D.T.O.XVII

Se ha dicho que Dios no se deja ganar en generosidad. Su gracia es siempre sobreabundante y desborda las necesidades del hombre. Basta sólo pensar en la creación de la nada para vivir en un asombro permanente ante la generosidad de Dios al crear los mundos y desbordarnos con sus dones.

              Los gestos milagrosos de Jesús en el evangelio de Juan también lo presentan como el Mesías que nos trae la abundancia de bienes, como habían anunciado los profetas. En este domingo, la Iglesia lee el relato de la multiplicación de panes y peces según el cuarto evangelio. Ante una multitud de unos cinco mil, contando sólo los hombres, Jesús pregunta a sus discípulos qué hacer para darles de comer. Estos se sienten incapaces pues carecen del dinero necesario. Andrés, el hermano de Pedro, le dice a Jesús que hay un muchacho que tiene cinco panes y dos peces, cantidad insuficiente para una multitud.

Viernes, 20 Julio 2018 07:58

La compasión del pastor. D.T.O.XVI

Cuando se habla de la compasión de Cristo, se tiende espontáneamente a considerarla como la actitud que le acerca a los enfermos, pobres o necesitados  desde el punto de vista material. Jesús se compadecía ciertamente de los ciegos, sordos, leprosos y paralíticos. Y atendía también las necesidades de los pobres pues había instituido entre los apóstoles una bolsa común para hacer limosnas. Sabemos que Judas, el que lo entregó, se encargaba de este menester. Quien acudía a Cristo sabía que nunca volvería de vacío.

El evangelio de este domingo nos habla de un aspecto de la compasión de Cristo que merece mucha más atención de la que a menudo se le presta. Cuando los apóstoles regresan de la misión a la que Jesús les ha enviado, éste debió observar que regresaban fatigados y les invitó a retirarse a un sitio tranquilo para descansar, pues eran tantos los que les buscaban que no tenían tiempo ni para comer. El descanso debió durar muy poco, pues,

Viernes, 20 Julio 2018 07:41

Un bastón para el camino. D.T.O.XV

 

Apóstol significa enviado. Jesús envía a los Doce con autoridad sobre los espíritus inmundos. Los envía de dos en dos. Y les encarga que lleven un bastón, y nada más. Ni pan, ni alforja, ni dinero suelto en la faja. Que lleven sandalias pero no única túnica de repuesto. ¿A qué tanta pobreza y escasez de medios? Para que brille la fuerza del Evangelio de la que son investidos y el poder que han recibido directamente de Cristo para proclamar el Reino de Dios. Así no se confundirán los dones de Cristo con los medios humanos. En realidad, esta pobreza es sobreabundancia de dones.
Jesús no promete el éxito de la misión, aunque dice el Evangelio que echaban muchos demonios y curaban enfermos al ungirles con aceite. Cristo no asegura el éxito a los Doce ni a los que envía. Les asegura más bien persecuciones, luchas y rechazos. Sin embargo, desde el inicio a nuestros días, el Evangelio ha arraigado en los pueblos y culturas que se han abierto a la

Viernes, 20 Julio 2018 07:35

El Destino del Profeta. D. T.O. XIV

Una característica que distingue al verdadero del falso profeta es que el primero experimenta siempre el rechazo de su pueblo. Hay dos razones que explican este rechazo: ser conocido por los suyos y anunciarles la verdad, que siempre es antipática por exigente. Los grandes profetas del Antiguo Testamento sufrieron este destino y algunos lo consumaron con el martirio. La vocación profética, que procede de la llamada directa de Dios, como en el caso de Isaías, Jeremías y Ezequiel, les situaba ante su pueblo como voceros de calamidades. Dios les mandaba anunciar al pueblo elegido pruebas y castigos a causa de sus pecados. El profeta no podía callar. Si lo hacía, Dios se volvía contra él por su cobarde infidelidad. Pero si proclamaba la palabra del Señor, el pueblo lo rechazaba y perseguía. Los falsos profetas eran bien acogidos. Halagaban los oídos del pueblo, se complacían en adular para conseguir así el aplauso, la benevolencia de sus oyentes; y, naturalmente,

Jueves, 28 Junio 2018 07:28

Enfermedad y muerte D. T.O. XIII

La curación de la hemorroísa y la resurrección de la hija de Jairo, que leemos en el evangelio de este domingo, presentan a Jesús sanando y resucitando. Estos milagros son la prueba de que es el Mesías esperado, tal como habían anunciado los profetas. Sin embargo, relatos como este suscitan, según Urs von Balthasar, «preguntas terribles», que formula de esta manera: «¿Por qué entonces tienen que enfermar tantos hombres después de él y por qué tienen que morir todos? ¿Quiere Dios la muerte? Si nada ha cambiado en el mundo, ¿para qué vino Cristo a él?».

            La revelación bíblica deja claro que «Dios no hizo la muerte». Su presencia en el mundo se atribuye a la envidia del diablo que, como ángel caído, no podía soportar la felicidad del hombre en estado de gracia. El dogma del pecado original explica el desorden que ha sufrido la humanidad, que padece la enfermedad y camina hacia la

Para comprender la grandeza que ocupa Juan Bautista en el calendario y veneración de la Iglesia, bastarían las palabras de Jesús que lo proclama «el mayor entre los nacidos de mujer» (Mt 11,11). Su honor reside, no obstante, en su humildad. Juan había creado una escuela de discípulos, que lo tenían por el profeta esperado. Cuando aparece Jesús, sin embargo, no duda en señalarle como Mesías y orientar a sus discípulos hacia él. Se siente indigno de bautizar a Jesús y de desatarle las correas de sus sandalias. Su lema fue: «Él (Jesús) tiene que crecer y yo tengo que menguar» (Jn 3,30). Y ese fue su destino: desaparecer cuando Jesús se presenta como el Ungido de Dios. No desapareció de cualquier manera, sino derramando su sangre por denunciar el adulterio de Herodes Antipas. Es mártir de Cristo.

Cuando las autoridades de Jerusalén le preguntan sobre su identidad, Juan niega que sea el Mesías o Elías o el Profeta. Se define como la voz que prepara en el

Jueves, 14 Junio 2018 10:11

La semilla del Reino. D. XI. T.O.

Hay muchas formas de ateísmo, unas más claras que otras. Existe el ateísmo teórico que niega a Dios desde presupuestos de la razón. Está el ateísmo práctico que no se preocupa por los argumentos lógicos de la existencia de Dios, pero explica la vida como si Dios no existiera. Simplemente lo ignora. Hay también un ateísmo de los creyentes, aunque parezca paradójico. Hay creyentes que confiesan a Dios, pero con frecuencia pretenden ocupar su puesto. No aceptan que Dios tenga la primacía en todo, y especialmente, en el crecimiento de su Reino. De alguna manera, pretenden arrebatar a Dios el protagonismo que sólo él tiene en la historia. Hace años, P. Zulehner, catedrático de teología pastoral en la universidad católica de Viena, respondía así a la pregunta sobre los pecados más graves de la Iglesia: «Me atrevo a decir que el mayor pecado de la Iglesia es el ateísmo eclesial. Es una palabra muy dura. Pero es como si la misma Iglesia se olvidara de Dios, que se

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