La tradición religiosa de Israel está basada en el cumplimiento de los preceptos de la ley mosaica. La importancia de esta ley, expresada en los diez mandamientos o palabras de Dios radica en que, gracias a ella, el pueblo de Israel alcanzó la tierra prometida, como dice el libro del Deuteronomio. A pesar de que en dicho libro se dice que «no añadáis nada a lo que yo os mando ni suprimáis nada» (Dt 4,2), a lo largo de la historia los rabinos han añadido preceptos nuevos para explicar o aclarar dudas sobre la correcta comprensión de la ley. Estos preceptos se agrupaban por materias, una de las cuales versa sobre los alimentos y sobre el modo de comerlos.

            En el evangelio de hoy, los vigilantes de la ortodoxia judía se acercan a Jesús para reprocharle que sus discípulos comían con manos «impuras», es decir, sin lavarse bien las manos como prescribían ciertos preceptos. Se explica que el evangelista se vea

El discurso de Jesús sobre el pan de vida, cuyo final leemos en el evangelio de hoy, termina con una hermosa confesión de fe en labios de Pedro. Para comprender su importancia, es preciso recordar dicho discurso provocó asombro, y hasta escándalo, en sus oyentes, porque afirmó sin ambages que para tener vida eterna era necesario comer su carne y beber su sangre. Este lenguaje resultó incomprensible y duro, de manera que muchos discípulos no volvieron a ir con él. Jesús lanzó entonces a sus doce apóstoles esta pregunta: «¿También vosotros queréis marcharos?». Fue entonces cuando Pedro confesó la fe: «Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios» (Jn 6,68).

            Algunos estudiosos afirman que esta confesión es muy semejante a la que Pedro hace en Cesarea de Filipo cuando Jesús pregunta a sus apóstoles sobre lo que la gente y ellos piensan de él. En dicha

El 15 de agosto la Iglesia celebra la Asunción de María a los cielos en cuerpo y alma, último de los dogmas católicos definido solemnemente. En el Nuevo Testamento no hay referencia alguna a la muerte (o dormición de María) ni a su asunción al cielo. Sin embargo, desde los orígenes del cristianismo se mantiene la tradición de esta elevación de María a los cielos en cuerpo y alma, como aparece en textos apócrifos primitivos, especialmente en el «Transitus Mariae», que se lee en la vigilia de la solemnidad de la Asunción junto al sepulcro de la Virgen en el torrente Cedrón de Jerusalén.

            La tradición de que María vivió sus últimos días en Jerusalén y murió allí está mejor atestiguada que la que sitúa estos hechos en la ciudad de Éfeso. El sepulcro de la Virgen ha pasado por muchos avatares históricos. Gracias a las excavaciones del padre franciscano Bagatti se sabe que la tumba de María formaba parte de un complejo sepulcral

El 15 de agosto la Iglesia celebra la Asunción de María a los cielos en cuerpo y alma, último de los dogmas católicos definido solemnemente. En el Nuevo Testamento no hay referencia alguna a la muerte (o dormición de María) ni a su asunción al cielo. Sin embargo, desde los orígenes del cristianismo se mantiene la tradición de esta elevación de María a los cielos en cuerpo y alma, como aparece en textos apócrifos primitivos, especialmente en el «Transitus Mariae», que se lee en la vigilia de la solemnidad de la Asunción junto al sepulcro de la Virgen en el torrente Cedrón de Jerusalén.

            La tradición de que María vivió sus últimos días en Jerusalén y murió allí está mejor atestiguada que la que sitúa estos hechos en la ciudad de Éfeso. El sepulcro de la Virgen ha pasado por muchos avatares históricos. Gracias a las excavaciones del padre franciscano Bagatti se sabe que la tumba de María formaba parte de un complejo sepulcral

En las lecturas de la misa de este domingo hay un paralelismo muy significativo entre la lectura del primer libro de los Reyes y el texto del evangelio de san Juan. Un paralelismo literario que implica un paralelismo existencial. No hay que olvidar que la Palabra de Dios proclamada en la liturgia no es para regocijo estético, sino para vivir conforme al querer de Dios.

            En la primera lectura, el profeta Elías, huyendo de la ira del rey Ajab y de su mujer Jezabel, se adentra en el desierto y, exhausto por el camino, se sienta bajo una retama y suplica la muerte. Mientras dormía, un ángel del Señor le despierta y le invita a comer un pan cocido sobre piedras calientes y a beber un jarro de agua. Volvió a recostarse, y de nuevo el ángel le invita a comer para recuperar fuerzas y seguir caminando. Dice el texto que comió y bebió y, «con la fuerza de aquella comida, caminó durante cuarenta días y cuarenta noches hasta el Horeb, el monte de

El tiempo de verano es propicio para descansar. Pero, además de descansar, también necesitamos orar más y reflexionar sobre temas de nuestra vida. Y no será por falta de ellos. Aunque la pandemia ha supuesto un cierto parón en el ritmo de vida, hay que reconocer que la rapidez con que pasan los acontecimientos nos impide activar la mente para discernir los signos de los tiempos y cuál debe ser la actitud cristiana frente a los problemas de la sociedad.

            Decimos que temas no faltan. Recientemente se ha aprobado la ley de la eutanasia; en breve se llevará al Congreso la ley llamada «trans», de consecuencias imprevisibles; y los rebrotes del Covid19 nos alertan sobre una nueva ola de contagios. ¿Nos afectan estos temas? Recuerdo que, cuando se hizo balance de la pandemia en su primera y segunda ola, muchos afirmaban con optimismo que nos había hecho más conscientes de nuestra fragilidad. ¿Es esto cierto? ¿No hemos olvidado rápidamente el

El tiempo de verano es propicio para descansar. Pero, además de descansar, también necesitamos orar más y reflexionar sobre temas de nuestra vida. Y no será por falta de ellos. Aunque la pandemia ha supuesto un cierto parón en el ritmo de vida, hay que reconocer que la rapidez con que pasan los acontecimientos nos impide activar la mente para discernir los signos de los tiempos y cuál debe ser la actitud cristiana frente a los problemas de la sociedad.

            Decimos que temas no faltan. Recientemente se ha aprobado la ley de la eutanasia; en breve se llevará al Congreso la ley llamada «trans», de consecuencias imprevisibles; y los rebrotes del Covid19 nos alertan sobre una nueva ola de contagios. ¿Nos afectan estos temas? Recuerdo que, cuando se hizo balance de la pandemia en su primera y segunda ola, muchos afirmaban con optimismo que nos había hecho más conscientes de nuestra fragilidad. ¿Es esto cierto? ¿No hemos olvidado rápidamente el

El apóstol Santiago es patrono de España. Así consta en la liturgia de hoy y en los libros de historia que no censuran lo católico. Llama la atención que promotores del camino de Santiago lo reduzcan a un hecho cultural, ecológico y, por supuesto, a un motor de la economía. Silencian el origen y hasta el santo que le da nombre. ¿Sabrán quien fue? Y si lo saben, ¿no tienen nada que decir? Aunque sólo sea que también él fue un caminante que trajo a España nuestra fe.

            Cuando el Papa Francisco recibió el premio Carlomagno citó al escritor judío Elie Wiesel, superviviente de un campo de concentración nazi, quien decía que hoy es imprescindible «una transfusión de memoria». Memoria de la historia, de nuestras raíces, de los orígenes. El Papa Francisco retoma esta idea para no cometer los errores del pasado y para «tener acceso a los logros que ayudaron a nuestros pueblos a superar positivamente las encrucijadas históricas que

Cada vez me sorprende más la ignorancia religiosa que asola a las nuevas generaciones. Cuando voy a confirmar o visito alguna parroquia he dejado de preguntar a los jóvenes —como solía hacer antes— porque me temo lo peor: que no sepan o que respondan con un disparate. En realidad, la formación humanista en sentido amplio del término ha sufrido un deterioro lamentable. Lo hacía notar Doris Lessing, premio Nobel de Literatura y Príncipe de Asturias de las Letras. En su discurso al recibir este premio hizo notar que la formación humanista estaba desapareciendo y se refería concretamente al estudio de las lenguas clásicas —latín y griego— y de la Biblia.

            La ignorancia religiosa y humanista implica otras ignorancias que hacen del hombre un ser desamparado. Acabar con la fe y la metafísica es aniquilar cualquier anhelo de trascendencia. Incluso grandes intelectuales sin fe han confesado el drama de esta carencia. No es extraño, por

En el escueto resumen del envío de los apóstoles por parte de Jesús, que narra el evangelio de hoy, se presenta como elemento constitutivo de su misión la «autoridad sobre los espíritus inmundos», expresada en el hecho de «echar muchos demonios» (Mc 6,7.13). La importancia de este dato solo puede entenderse si tenemos en cuenta que la misión de Cristo es acabar con el imperio del mal, personificado en el diablo, a quien llama «el príncipe de este mundo» (Jn 14,30), «mentiroso y padre de la mentira» (Jn 8,44), porque «no hay verdad en él».

La autoridad de Jesús sobre el diablo revela que es una criatura inferior, sometida al poder de Dios. Según la tradición bíblica, el diablo fue un ángel creado por Dios en belleza y santidad, que, puesto a prueba en su libertad, no se mantuvo en la adoración y cayó en la soberbia que le apartó para siempre de Dios. De ahí que busque perder al hombre