«Siempre cristiano. En todo, discípulo y pastor. Y solo, no, con vosotros, presbítero»

Dice el refranero popular: 'novia mojada, novia afortunada'. Si volvemos la vista al sábado 29 de junio, y seguimos el patrón del refrán, 'diácono mojado, sacerdote afortunado'. Y es que la lluvia también quiso hacer acto de presencia en el día más importante en el camino vocacional de Alberto Janusz Kasprzykowski Esteban, el de su Ordenación Sacerdotal. Muchas circunstancias concurrían este 29 de junio: solemnidad de los santos Pedro y Pablo; en Segovia celebramos San Pedro como patrón; celebramos el aniversario de Ordenación Episcopal de D. César,... y la primera Ordenación Sacerdotal en la Diócesis en los últimos tres años. Vaya, que la lluvia no iba a 'aguar la fiesta' aunque se lo propusiera. 

          Sonaban las campanas del mediodía cuando la procesión de entrada salía desde la sacristía para encarar la vía sacra y llegar hasta el Altar Mayor de la Catedral de Segovia. Al inicio, la luz, en forma de velas portadas por diferentes personas representando las realidades que Alberto se encontrará en aquellas parroquias a las que sirva: familias jóvenes, personas mayores, religiosas,... Tras el todavía diácono —visiblemente emocionado—, sacerdotes diocesanos y presbíteros amigos, el Obispo de la Diócesis, Mons. César Franco, y el Obispo emérito, Mons. Ángel Rubio. Comenzaba una ceremonia que Alberto definiría después como "tortuosa", pero que llegó al corazón del millar de personas congregado en la seo segoviana para acompañar al nuevo presbítero. 

               La segunda lectura se leyó en español y polaco, haciendo un precioso guiño a la familia paterna de Alberto. El Evangelio fue leído por Juanjo Rodríguez, recién ordenado diácono en Ávila y compañero de Janusz en el Teologado. Tras las lecturas, el acto de reconocimiento de que Alberto Janusz es un candidato digno para ser ordenado. «Después de haber consultado al pueblo cristiano, doy testimonio de que ha sido considerado digno», fueron las palabras pronunciadas por D. Juan Cruz Arnanz, rector del Seminario diocesano. Así, don César elegía al candidato para el Orden de los Presbíteros.

                En su homilía, el Obispo de Segovia comenzó asegurando que la Catedral se llenaba «de luz, como se llenó de luz la celda de Pedro, donde esperaba el martirio. Allí fue la luz del ángel del Señor, aquí es la luz de Cristo glorioso y resucitado, que vive, que está presente en la Iglesia, que actúa en ella y que llamó, ha llamado y llama a nuestro hermano Alberto para que se incorpore a él en el servicio mismo que Cristo realiza en la Iglesia. Enhorabuena, felicidades». En un día en que la Iglesia Universal celebra a San Pedro y San Pablo, don César glosó la figura de los dos santos «que son columnas insustituibles de la Iglesia y parte de la revelación cristiana» para trasladar al joven un mensaje de tranquilidad, «no temas, el Señor te será fiel», dijo, para añadir «te tienes que fiar total y plenamente de Él, sin reservas, para llegar a la meta».

               «No te haces sacerdote para que todo te vaya bien. No te haces sacerdote para que la gente te admire, te quiera, te diga piropos. Te haces sacerdote para combatir, para luchar contra el mal, contra el pecado, contra todo lo que suponga orgullo y soberbia de este mundo, que son tentaciones que nos llegan a todos. En las parroquias hay problemas, en las comunidades hay problemas, hay que afrontarlos, hay que ser fuerte, hay que combatir. Y si es preciso, y si el Señor lo dispusiera, combatir hasta dar la vida por Cristo», le trasladó Monseñor a Alberto para seguir pidiéndole: «No pierdas nunca ese gozo que tienes hoy, esa energía, ese deseo de servir a Cristo, ese correr tras Él, como dice san Pablo, aunque no llegues a alcanzarle». Finalmente, don César manifestó que «no por nuestra gracia somos vasijas de barro, sino por el poder del Espíritu Santo. Por él hemos recibido la gracia de su Hijo Sacerdote, que permanezca siempre contigo al pie de la cruz, la que el Señor te tenga reservada, y sobre todo en la alegría de la resurrección».

            Después de la homilía del Obispo, Alberto efectuó sus promesas, y tras ello, protagonizó la postración, ese momento en el que se invocó la intercesión de los santos mediante el canto de las letanías. A continuación, comenzaba el rito de ordenación sacerdotal con la imposición de manos —por el Obispo y todo el presbiterio—, y la plegaria de ordenación, tras la que Alberto recibió de manos de Florentino Vaquerizo y Fernando Mateo su estola al estilo sacerdotal, y fue vestido con la casulla. Después, recibió en las manos la unción con el Santo Crisma, signo del carácter sacramental de la ordenación. Don César también entregó a Alberto el cáliz y la patena con la que se celebró la Eucaristía, en la que el nuevo presbítero concelebró por primera vez. El abrazo entre ambos, y después con los presbíteros concelebrantes, en señal de acogida en el ministerio, selló con gozo y alegría el rito vivido como una gracia de Dios para nuestra Iglesia peregrina en Segovia. 

                   Como colofón a esta emotiva celebración, Alberto, ya ordenado presbítero, pronunció unas palabras de agradecimiento en las que empezó dando gracias «por mi familia, por mi parroquia, donde descubrí quién era Dios». Después hizo un repaso por su trayectoria vital, agradeciendo a cada grupo de personas que han caminado junto a él en la vida, desde el colegio San Juan de la Cruz donde inició su andadura, hasta el Colegio Español de Roma donde ahora reside. Ellos le han enseñado, dijo, «que el tesoro lo llevamos en vasijas de barro» y ellos le han mostrado, añadió, «que en la debilidad encuentro la fortaleza». Antes de poner el broche con un bonito lema, volvió al origen, a esa familia que le acompaña y apoya, esa que representa «mi Galilea, y a veces también un poco mi Roma». Finalmente, selló sus palabras con un lema adaptado que reza:  «Siempre cristiano. En todo, discípulo y pastor. Y solo, no, con vosotros, presbítero».

                    Un día después, el domingo 30, Alberto Janusz Kasprzykowski Esteban oficiaba su primera Eucaristía de Acción de Gracias en 'casa', la parroquia de San Millán que le ha visto crecer, conocer ese 'primer amor' a Dios y ahora cumplir con su meta: el presbiterado. El templo se quedó pequeño para albergar esta celebración en la que el joven sacerdote quiso hacer una petición especial durante su homilía: «Hoy pido que mi ministerio sea por Jesús, con Jesús y en Jesús. Que no solo levante a otros como instrumento suyo, sino que cuando agarre al otro con mi mano, le levante y note mi pulso, el pulso de Dios». Al finalizar la celebración, la Cofradía de la Soledad al Pie de la Cruz y el Santo Cristo en su Última Palabra le entregó un obsequio, así como la parroquia le hizo entrega de un maletín con material litúrgico. 

                     ¡Enhorabuena, Alberto! Gracias por tu fidelidad. Pedimos a la Virgen de la Fuencisla y a San Frutos que te protejan siempre en tu ministerio.