Miércoles, 19 Febrero 2020 16:28

Carta a los sacerdotes para preparar la asamblea presbiteral

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Queridos hermanos sacerdotes:

En varias reuniones del Consejo presbiteral hemos reflexionado sobre la situación de la diócesis en relación al ejercicio de nuestro ministerio sacerdotal. El día 14 de junio de 2019, los arciprestes intervinieron en el Consejo presbiteral para hacer una valoración de la situación de la diócesis hacia una asamblea presbiteral. Cada arcipreste describió las fortalezas y debilidades de su propio arciprestazgo para ofrecer una visión del conjunto de la diócesis. En el Consejo presbiteral siguiente (15-XI-2019) se hizo una síntesis de la reflexión del Consejo anterior con el fin de caminar hacia una asamblea presbiteral que nos ayude a renovarnos y crecer en la vivencia de nuestro ministerio. En dicho Consejo, partiendo de los datos aportados en el anterior, se reflexionó sobre cómo trabajar en dicha asamblea teniendo en cuenta los diversos aspectos de nuestro ministerio: humano, espiritual, pastoral e intelectual. También se preguntó a los consejeros sobre las cuestiones prácticas referidas al modo de realizar la asamblea (objetivos, metodología, tiempos, etc.).

Con todos estos datos, el Consejo de gobierno de la diócesis consideró conveniente que, al tratarse de una asamblea presbiteral, se debía crear una comisión que, a la luz de las anteriores reflexiones, se encargara de preparar la asamblea, que tendrá lugar los días 9 y 10 de noviembre del presente año. Los miembros de esta comisión fueron elegidos en el Consejo presbiteral extraordinario del pasado 20 de enero, según el siguiente criterio de elección: dos arciprestes, dos sacerdotes miembros del Consejo presbiteral y dos sacerdotes que no fueran miembros de dicho Consejo. Los miembros elegidos de esta comisión, que estará moderada por el Sr. Vicario del Clero, son los siguientes:

1) Arciprestes:
Don Jesús Francisco Riaza Cabezudo
Don Fernando Mateo González
2) Sacerdotes miembros del Consejo presbiteral:
Don José María López López
Don José Antonio García Ramírez
3) Sacerdotes que no son miembros del Consejo presbiteral:
Don Enrique de la Puerta Soriano
Don Santos Monjas Aguado.

A esta comisión le corresponde, en primer lugar, elaborar con los datos recibidos de los anteriores Consejos un documento de reflexión que debe ser estudiado personalmente por cada sacerdote con el fin de llevarlo después al arciprestazgo y enriquecerlo con las aportaciones convenientes. Posteriormente, la comisión redactará, con las reflexiones de los arciprestazgos, el documento que servirá, previa la aprobación del obispo, como texto base para la asamblea presbiteral.

La necesidad de la asamblea ha sido planteada con el fin de iluminar los problemas de nuestro presbiterio. La situación humano-espiritual y la edad avanzada del clero, la incorporación de sacerdotes extranjeros —bien en servicio pastoral o bien para realizar estudios— la escasez de vocaciones, la importancia de formar laicos para tareas pastorales, y otro tipo de retos, que plantea la disminución de los habitantes y el envejecimiento de la población, requieren de nosotros, como pastores, pedir luz al Señor y buscar caminos de cara al futuro. Por ello, esta asamblea debe ser asumida por todos los sacerdotes con cargo pastoral como prioritaria frente a cualquier otra tarea pastoral, salvo los casos extraordinarios de urgencia. Como ya he dicho, durará dos días, y la comisión establecerá el lugar de reunión, el horario, y el procedimiento a seguir. Será una ocasión, no sólo para la reflexión, sino para la oración en común y la convivencia fraterna.

Como es sabido, la Iglesia no se gobierna de modo asambleario, por lo que la asamblea no tiene capacidad para legislar. Pero buscar el consenso de los presbíteros sobre los temas que afectan al gobierno de la diócesis es una forma de sinodalidad para ayudar al obispo a tomar las decisiones que considere necesarias para el bien de la diócesis.

Convoco, pues, a todos los sacerdotes con cargo pastoral y os invito, por tanto, a que ya desde ahora valoremos la importancia de este encuentro y pongamos todos nuestros talentos al servicio de esta llamada del Señor a vivir la fraternidad y la corresponsabilidad sacerdotal, cada uno teniendo en cuenta el servicio que presta a la diócesis. Para ello es fundamental reconocer:

1) Que la primera actitud que debemos fomentar y pedir al Espíritu Santo es la conversión a Cristo, que nos ha llamado, ungido y enviado para evangelizar, sanar los corazones y santificar con la gracia del ministerio recibido. Sin la relación estrecha, permanente y sincera con Cristo no podemos hacer nada (cf. Jn 15,5). Es necesario que cada uno se examine ante el Señor sobre los compromisos asumidos en la ordenación.
2) Que la sacramentalidad del orden sacerdotal nos une con un vínculo que arranca de la persona de Cristo y nos capacita para vivir su mismo sacerdocio en lo que toca a Dios y al pueblo que se nos ha encomendado. Este vínculo hace que nos miremos como hermanos al servicio de una misma misión. La fraternidad sacerdotal nace del sacramento recibido (cf. PO 8: «fraternidad sacramental»).
3) Que el sacerdocio nos capacita para vivir la preocupación por todas las Iglesias, de manera que, aunque pertenecemos a una diócesis concreta, no debemos olvidar nunca que estamos al servicio de la Iglesia universal que nos abre al don de la catolicidad (cf. PO 10; PDV 32).
4) Que el servicio a la comunión eclesial nos exige vivir con fidelidad a la Tradición que se remonta al Señor y que interpreta y explicita el Magisterio de la Iglesia, y, al mismo tiempo, mostrarnos disponibles para realizar nuestro ministerio donde la Iglesia lo requiera.
5) Que debemos vivir atentos a las necesidades de nuestro pueblo, conociendo su peculiaridad humana, cultural y religiosa, para lo cual es preciso vivir entre los hombres, conocer sus problemas —materiales y espirituales— para que el anuncio del evangelio vaya acompañado con el testimonio de nuestra vida.

Estas actitudes, que pido al Señor para mí mismo, no agotan en absoluto las que dimanan del Evangelio y de la gracia de nuestra ordenación, pero pueden ser una pauta para participar en la reflexión sobre la asamblea de modo que podamos aportar lo mejor de nosotros mismos si realmente nos hemos puesto bajo la acción del Espíritu Santo.

Es al Espíritu al que suplicamos que nos guíe con su dones en la edificación de la Iglesia y nos haga disponibles a su acción. Oremos también a la Virgen, Nuestra Señora de la Fuencisla, para que, como ella, vivamos obedientes a la Palabra y a la fe, y animosos en la esperanza y en la caridad para llevar a los hombres de nuestro tiempo la salvación de Cristo.

Con mi afecto en el Señor y mi bendición,
En Segovia, a 2 de Febrero de 2020, fiesta de la Presentación de Jesús en el templo.

 

 

+ César A. Franco Martínez
Obispo de Segovia.

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