Viernes, 13 Septiembre 2019 10:47

La alegría de la fiesta.D. XXIV Tiempo Ordinario

En las parábolas de la misericordia Jesús nos ha dejado el retrato de su Padre. Si por un azar, los evangelios se perdieran y sólo nos quedáramos con estas tres parábolas de Lucas, habríamos conservado la quintaesencia de la enseñanza de Jesús sobre la misericordia del Padre.
Es sabido que en estas parábolas Jesús se defiende de quienes, entre los fariseos y los letrados criticaban su relación con los pecadores, dado que un maestro de la ley debía evitarla. Jesús les dirige este alegato para que conozcan cuál es el secreto del juicio de Dios sobre los pecadores arrepentidos.
En las dos primeras parábolas sorprende la desproporción del comportamiento del pastor que abandona sus noventa y nueve ovejas por salir a buscar solo una. Y el de la mujer que pierde una moneda y pone todo su empeño en encontrarla. Quiere decir, en ambos casos, que lo perdido es más estimable que lo poseído. Y que una oveja y una dracma tienen el valor del conjunto. Por otra

Las sentencias de Jesús en el evangelio de este domingo apuntan a los fundamentos de su seguimiento. Podemos decir que Jesús establece las condiciones que debe tener en cuenta quien quiera seguirlo. A primera vista, resultan exigentes, pero no hay que olvidar que la exigencia se mide en proporción al fin que se quiere alcanzar. Desde la perspectiva humana, la exigencia en el trabajo es condición necesaria para llegar a ser un auténtico profesional. Nadie pensará ser un excelente médico, ingeniero o arquitecto, si no está dispuesto a ser exigente con el estudio de las distintas disciplinas. Lo mismo podemos decir de aspira a ganar los juegos olímpicos o llegar a ser un virtuoso de cualquier instrumento musical. El alma tiene más exigencias que el cuerpo, porque se trata de salvarse o no, más allá de la muerte y esto no es una cuestión baladí.
Las exigencias de Jesús parten de un principio fundamental: Para seguir a Jesús hay que posponer todo, incluso la propia

Banquetes y recompensas

La enseñanza moral de Jesús está llena de pequeños detalles, que le sirven para explicar actitudes fundamentales del vivir cristiano. Partiendo de costumbres sociales, Jesús abre el horizonte del conjunto de la vida moral indicando así que en lo pequeño subsiste lo grande. En el evangelio de hoy, Jesús explica dos virtudes fundamentales de la vida cristiana: la humildad y la magnanimidad. La primera constituye el fundamento de la vida moral; la segunda, es la actitud de los espíritus grandes que buscan hacer el bien por encima de todo.
Para ayudar a entender la importancia de estas virtudes, Jesús parte de una costumbre típica de oriente: el banquete, símbolo de comunión de vida y de hospitalidad. El evangelio de hoy nos presenta a Jesús en uno de ellos, observando el comportamiento de los participantes. Viendo que muchos se afanaban por escoger los primeros puestos, exhorta a la humildad haciendo lo contrario: «Cuando te

Las palabras de Jesús que concluyen el evangelio de este domingo son muy conocidas y las usamos con frecuencia para señalar la paradoja de la vida humana en la que, como si fuera una carrera, los primeros en salir son los últimos en llegar, y los últimos se colocan en la primera línea.
En su enseñanza itinerante, mientras recorría aldeas y ciudades de Palestina, una persona plantea a Jesús esta pregunta: «Señor, ¿serán pocos los que se salven?». Como en otras ocasiones, Jesús no responde directamente a la cuestión, sin duda por considerar que la pregunta es impertinente, nacida de la mera curiosidad. Como maestro de moral, Jesús responde con una llamada a entrar por la puerta estrecha, pues muchos intentarán entrar y no podrán. En ese día, no valdrá decir: «Hemos comido y bebido contigo y tú has enseñado en nuestras plazas». Es evidente que, con esta expresión, Jesús se dirige a sus contemporáneos que han tenido la oportunidad de conocerlo, comer y

Viernes, 16 Agosto 2019 08:49

Paz y división. D. XX. Tiempo Ordinario.

La fe cristiana implica a toda la persona en su adhesión a Cristo como Hijo de Dios encarnado. Creer no es sólo confesar el Credo. Es, sobre todo, acoger a Cristo como Señor y Redentor del género humano. Razón y corazón van unidos en el único acto de fe que hace el cristiano. Por ello, cuando confesamos la fe, acogemos en nuestra vida a Cristo y buscamos identificarnos con él en deseos, pensamientos, palabras y obras. Es imposible ser cristiano sin implicarse totalmente en la adhesión a Cristo. En el prólogo de su evangelio, san Juan afirma que los que acogen a Cristo han creído en su nombre y han recibido la gracia de ser hijos de Dios.
Acoger a Cristo, optar por él, tiene consecuencias muy serias en la vida ordinaria. Cristo se convierte en un signo de contradicción, dado que marca la frontera entre la luz y la oscuridad, la verdad y la mentira. Han sido muchos desde el inicio del cristianismo los que han muerto a causa de su fe o han sido perseguidos,

En este domingo, que coincide con la fiesta de santa Clara, Jesús habla en el evangelio de dos actitudes evangélicas que han hecho de la fundadora de las clarisas un faro esplendoroso en la Iglesia. Me refiero a la pobreza y a la vigilancia que supone el retorno de Cristo al fin de la historia.
Jesús comienza su enseñanza con una vibrante llamada a vender los bienes y dar el dinero a los pobres, porque no se puede servir a dos señores: a Dios y a las riquezas. El corazón del hombre no se puede dividir en parcelas, sino que goza de una unidad admirable, como indica la sentencia de Jesús: Donde está tu tesoro, allí está vuestro corazón. Santa Clara, siguiendo los pasos de san Francisco, entendió esta llamada a la pobreza total como el don que recibía de Cristo para dedicarse enteramente a él. Hija de noble familia, huyó de su casa y cambió su estilo de vida fundando la segunda orden de vírgenes consagradas a Dios, con el estilo de Francisco de Asís. La

Por nuestro instinto de conservación y supervivencia, tendemos a acumular bienes pensando que de ello depende nuestra vida. La experiencia, sin embargo, nos dice lo contrario. La muerte no es aliada de nuestros bienes, y llega lo mismo a la casa del rico que a la del pobre. Los bienes nos aseguran una dolce vita o un nivel de bienestar, pero no nos aseguran la vida ni la inmortalidad. Las tumbas faraónicas son el mejor comentario a que la acumulación de bienes no prolonga la existencia ni satisface las expectativas de felicidad que el hombre lleva inscrito en su corazón.
Sabemos también que los bienes son ocasión de muchas divisiones y pleitos familiares. Precisamente el evangelio de hoy comienza con una interpelación que le hace a Jesús uno de sus oyentes: Maestro —le dice— dile a mi hermano que reparta la herencia conmigo. Jesús, después de decirle que él no es juez para esos asuntos, afirma: «Guardaos de toda clase de codicia, pues aunque uno ande sobrado

Miércoles, 24 Julio 2019 09:35

Importunar a Dios.D. XII. T.O.

 

En el evangelio de hoy, Jesús, además de enseñarnos a rezar el Padre Nuestro, añade unos consejos que revelan su pensamiento sobre el tema de la oración. Todos parten de que Dios, como Padre bueno, jamás deja de escuchar la oración de sus hijos, aunque a veces parezca que ha cerrado sus oídos a nuestras súplicas. Y argumenta diciendo que, si nosotros que somos malos no damos cosas malas a nuestros hijos, ¡cuánto más Dios dará el Espíritu Santo a quienes se lo pidan! He aquí el secreto de la eficacia de la oración: lo primero que debemos pedir es el Espíritu Santo, el don más grande podemos recibir.
Otro rasgo de la enseñanza de Jesús sobre la oración es la necesidad de insistir. Muy a menudo el cristiano, al no recibir de inmediato lo que pide, se desanima y deja de pedir. Para recalcar la importancia de insistir, Jesús cuenta la parábola del amigo inoportuno, que recibe la llamada de éste cuando ya está la familia en la cama, para

Miércoles, 17 Julio 2019 07:34

Santiago y la fe en España.

 

El 25 de Julio celebraremos la solemnidad de Santiago apóstol, patrono de España. La tradición del traslado de sus restos a Compostela ha convertido este lugar en uno de los tres lugares más importantes de peregrinación: Jerusalén, Roma y Compostela. Le veneramos con mucho fervor y gratitud por haber traído la fe a nuestra tierra, según una venerable tradición. Desde los inicios del cristianismo, España ha recibido la fe apostólica mediante la predicación de san Pablo y de Santiago, junto a otros varones apostólicos.
Sabemos que Santiago era hermano de Juan, el evangelista, y que ambos eran hijos de Zebedeo, pescador en el lago de Galilea. Jesús les llamó, y dejando a la barca y a su padre, le siguieron. Por su carácter impetuoso, Jesús les impuso el sobrenombre de «hijos del trueno». Como el resto de los apóstoles, pensaban que Jesús iba a ser un mesías político que daría de nuevo a Israel su autonomía y la liberación del yugo de

 

La parábola del buen samaritano, una de las más bellas de Jesús, permanece en la memoria de la Iglesia como la mejor definición de quién es el prójimo. Un letrado pregunta directamente a Jesús: ¿quién es mi prójimo? Y Jesús le responde con la parábola. Desde el comienzo de la parábola, es notable que la pregunta del letrado sobre cómo alcanzar la vida eterna no revela un corazón limpio, sino que desea «poner a prueba» a Jesús. Busca examinarle sobre la ley mosaica y sus exigencias porque Jesús tenía fama de no cumplirla o de suprimir alguna de sus exigencias. Otro dato que merece tenerse en cuenta sobre la actitud del letrado es la apostilla del evangelista cuando dice que, «queriendo aparecer como justo», pregunta a Jesús: «Y, ¿quién es mi prójimo?». Cualquier israelita sabía que prójimo era el más cercano que necesitara ayuda, medios para subsistir. Eran también los huérfanos, viudas y emigrantes, que vivían indefensos, sin

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