El evangelio de este domingo recoge parte del discurso de Jesús cuando envía a los discípulos a su primera misión evangelizadora. Los consejos que reciben sirven para entender la transcendencia del envío y, en gran medida, la naturaleza del Reino de Dios que anuncian. Los discípulos son como la avanzadilla que precede a Jesús y le preparan el camino, pues, como dice el evangelio, los envía a los lugares donde pensaba ir él. Los discípulos nunca sustituyen al Señor, son servidores, colaboradores. Sólo Jesús es el Maestro y el Señor.
Lo primero que les pide Jesús es que oren al dueño de la mies para que envíe operarios a su mies. La oración es presupuesto de la misión, condición indispensable de su éxito. Dios dirige la historia con Providencia. Por eso, hay que suplicar, llamar a la puerta y pedir como pobres. Las vocaciones no son conquistas del hombre, son dones de Dios que deben pedirse. El Reino de Dios es obra suya. Por eso, es necesario

La libertad es un don precioso que el hombre protege con todas sus fuerzas para que no se lo arrebaten. Pero la libertad implica también a uno mismo, pues —querámoslo o no— con harta frecuencia somos esclavos de nosotros mismos. Podemos gritar: ¡libertad, libertad!, y ser pobres esclavos en la cárcel que nos fabricamos. Cuando Pablo dice que «para ser libres nos liberó Cristo», no se refiere a esclavitudes externas, como la del pueblo de Israel en Egipto o en Babilonia. El apóstol se refiere a la libertad que Cristo nos da al rescatarnos de nuestras esclavitudes internas: el tributo que pagamos servilmente a nuestro amor propio. Por eso, el apóstol aclara: «Hermanos, habéis sido llamados a la libertad; ahora bien, no utilicéis la libertad como estímulo para el egoísmo; al contrario, sed esclavos unos de otros por amor» (Gál 3,13). En realidad, nacemos esclavos de nuestro yo, y la vida nos reta a ser libres mediante la entrega generosa a los demás. Por eso, la

Viernes, 21 Junio 2019 07:41

Eucaristía: Dios abajado.Corpus Christi.

Puede abajarse Dios más de lo que se ha humillado en un trozo de pan y un poco de vino? ¿Pude pensarse mayor humildad que la de quedar al alcance de la mano como alimento de pobres y sencillos?
La revelación cristiana conoce muchos abajamientos de Dios. En el Edén, a la brisa de la tarde, Dios bajaba a pasear con Adán y Eva. Se dejó acoger por Abrahán en su tienda del desierto, bajo figura de tres caminantes. Luchó cuerpo a cuerpo con Jacob como si fuera un semejante. Permitió que Moisés le viera la espalda —nunca el rostro— y hablaba con él como con un amigo. En todo esto, Dios siempre protegió su trascendencia. Pero anunció que sería pastor y cordero, gusano y cacharro inútil, un maldito colgado del madero.
Al llegar la plenitud de los tiempos —es decir, cuando el tiempo alcanzó su madurez— el Hijo de Dios tomó nuestra carne, asumió nuestra vida y nuestra muerte. Nació y vivió pobre. Murió desnudo y ultrajado. Sufrió el desprecio, la

La Trinidad y la vida contemplativa

 

El domingo de la Santísima Trinidad la Iglesia nos invita a orar por quienes forman la vida contemplativa. Son hombres y mujeres que, a diferencia de quienes se dedican a la vida activa, escogen el silencio, la oración y el trabajo para dedicarse a Dios mediante la contemplación de su verdad, bondad y belleza. La importancia de este modo de vivir sólo se comprende si tenemos en cuenta que Dios es el Absoluto, bien supremo y felicidad infinita. Dios supera todo lo creado e imaginable. De ahí que haya personas que experimenten la atracción irresistible de buscar su rostro, contemplar en la fe lo que un día será la visión cara a cara de Dios, meta de todo hombre.
En un mundo que ha perdido —hablamos en general— el sentido de la trascendencia, no es fácil entender la vida contemplativa que da sentido a tantos monasterios. Sin embargo, cuando la gente se acerca a estos lugares de paz, silencio y oración, y

 

El pensamiento teológico moderno ha acentuado la importancia del Espíritu en la vida del cristiano. Es comprensible que la espiritualidad cristiana se haya centrado en Cristo, único Mediador entre Dios y los hombres. Se empobrece, sin embargo, la fe si olvidamos que Cristo ha venido a revelarnos al Padre para mantener con él una relación de hijos. Y esto no sería posible si no hubiéramos recibido el Espíritu Santo, que conduce a la Iglesia desde su inicio hasta su consumación. Marginar al Espíritu Santo de la vida cristiana nos incapacita para ser cristianos. El tiempo que va desde la Ascensión hasta la venida gloriosa de Cristo se llama «tiempo de la Iglesia» o «tiempo del Espíritu».
En general, a los cristianos nos cuesta mantener una relación vital con el Espíritu Santo. Quizás, porque, de las tres personas de la Trinidad, sea la más difícil de representar. Del Padre y del Hijo tenemos representaciones accesibles, especialmente del

 

Los cristianos confesamos en el Credo que Jesús subió al cielo y está sentado a la derecha del Padre. Son dos imágenes que no pueden interpretarse literalmente, porque el cielo al que sube Jesús no es el que contemplamos sobre nuestras cabezas ni el Padre tiene derecha e izquierda como si fuera un ser humano. Los evangelistas utilizan imágenes asequibles para visualizar los misterios de la fe. Cuando Jesús habla de su partida de este mundo creado, dice que se va al Padre. Este mundo, por hermoso que sea, es creación de Dios, obra suya. Por la resurrección, Jesús ha trascendido esta creación, ya no está sujeto a las leyes de este mundo ni condicionado por el espacio y el tiempo. Ha entrado para siempre en el mundo de Dios. Antes de encarnarse —dice el prólogo de Juan— estaba junto a Dios, y, resucitado, vuelve a Dios. «Elevarse al cielo» es afirmar que Cristo retorna al Padre como Señor de todo lo creado. Eso significa sentarse a la derecha de

Viernes, 24 Mayo 2019 12:27

La Pascua del Enfermo

El sexto domingo de Pascua celebramos la Pascua del enfermo. El lema de este año toma las palabras de Jesús: «Gratis habéis recibido, dad gratis» (Mt 10,8). Es una invitación a ofrecer a los demás la salvación de Cristo, don gratuito del Resucitado. Un don que no tiene precio.
Entre los predilectos del Señor y de la Iglesia están los enfermos. Cuando envía a los apóstoles, les dice: «curad enfermos» (Mt 10,8). Y cuando nos juzgue al fin de la historia, incluirá entre los criterios de salvación o condena el de «estuve enfermo y me visitasteis» (Mt 25,36). Cristo se ha identificado con los enfermos de manera explícita y ha querido situarlos en las prioridades del Reino que anuncia y trae la salvación. De ahí que la Iglesia, desde sus orígenes, los ha distinguido con la oración constante por su salud y la ayuda en su necesidad material y espiritual. Baste recordar que hay un sacramento dedicado a implorar la salud del cuerpo y del alma de los enfermos. Un

Jueves, 16 Mayo 2019 08:05

La señal del amor. D. V. de Pascua.

 

En el evangelio de este domingo Jesús anuncia que le queda poco tiempo de estar con los suyos. Su partida al Padre en la Ascensión es inminente. Sus palabras hablan de la gloria que recibirá del Padre, que es una clara referencia a la resurrección, aunque también la gloria —por paradójico que parezca— se refiere a la cruz. ¿En qué sentido? En la cruz, cuando Cristo sea levantado sobre el madero de la ignominia, revelará el amor que tiene a los hombres dando la vida por ellos. Cuando hablamos de la cruz gloriosa de Cristo confesamos que en ella el amor ha sido enaltecido al grado más alto: no hay amor más grande que el de dar la vida por los demás. Esa es la gloria de Cristo y también la del hombre. Lo entendemos bien cuando alguien ofrece su vida para salvar a otro. Un gesto así vale por sí mismo; no necesita comentarios. Por amar así, y porque el Hijo de Dios no podía quedar sometido al poder de la muerte, Dios lo ha glorificado resucitándolo

Al final de la Jornada Mundial de la Juventud celebrada en Panamá, el Papa Francisco animó a decir «sí» con María «al sueño que Dios sembró» en el corazón de los jóvenes. Estas palabras han servido para el lema de la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones que se celebra en este cuarto domingo de Pascua, tradicionalmente llamado domingo del Buen Pastor. El lema dice: «Di sí al sueño de Dios».
La vocación al ministerio sacerdotal y a la vida consagrada tiene mucho que ver con el calificativo de Buen Pastor que Jesús se da a sí mismo. La cultura nómada y pastoril que caracterizó durante siglos al pueblo de Israel convirtió la figura del pastor en un símbolo precioso de la ternura de Dios con su pueblo. Dios cuida de su rebaño, conoce a cada una de sus ovejas, las conduce a ricos pastos, venda las heridas que se hacen en el camino y las protege de toda asechanza del enemigo. La ternura de Dios con su pueblo es tan grande que, cuando anuncia la era

Viernes, 03 Mayo 2019 06:32

Una cuestión de amor.D. III de Pascua

El evangelio de Juan termina con el milagro de la pesca milagrosa en el lago de Tiberíades y el examen sobre el amor que Jesús hace a Pedro. Por tres veces le pregunta si le ama, evocando así su triple negación. Pedro, entristecido por la insistencia de Jesús sobre si le ama más que los demás discípulos, termina diciendo: «Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te quiero». Al escuchar esta confesión, Jesús le anuncia su muerte: «Cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas adonde querías; pero, cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te ceñirá y te llevará adonde no quieras» (Jn 21,18).
El destino de Pedro está unido al de Jesús. Pasa por ir adonde no quiere, es decir, a la muerte. La misión que Cristo confía a Pedro —pastorear su iglesia— es la misma de Cristo. Su destino, por tanto, no puede ser diferente, porque no es el discípulo mayor que su maestro. Es imposible apacentar la Iglesia sin el testimonio de la cruz. Pedro fue ceñido

© 2018. Diócesis de Segovia